En Roma, Madre Le Dieu hizo dos visitas a Don Bosco, al que ya había conocido en Turín en 1881. En aquella ocasión el Santo no tuvo tiempo de escucharla y por eso la presentó a Don Rua, diciendo que la habría atendido lo mismo que él. El Vicario del Santo le dijo que no había salesianos suficientes para las casas que ahora abrían cada mes.
En Roma, la Fundadora pudo hablar largamente con el Fundador. Ella escribe: ”Si no hubiera visto a Don Bosco me hubiera quedado con el remordimiento y con el deseo. Él escuchó lo que le dije de nuestra intención de fundar en Roma y leyó con mucha atención nuestro programa. “La obra es muy hermosa, me dijo, y muy útil. Yo rezaré para que se consolide; le procuraré benefactores”.
El Santo subrayó la originalidad de la Institución, la exhortó a conservar la identidad y le hizo comprender que ella no vería la consolidación de la Obra. Esto se deduce fácilmente de lo que escribe refiriéndose a aquella visita: “No se ha necesitado mucho para convencerme de que Dios quiere que nosotras seamos nosotras y no Salesianas, ni Dominicas, ni Pontygnanas, sin embargo no quiere nada mientras yo viva. ¡Fiat!”.
Muy a menudo, Madre Le Dieu va a visitar a otro santo que, como se sabe, ella, Fundadora, le considera su Fundador. Éste es Pío IX, sobre cuya tumba desahoga su ánimo de hija y devota.
“Lunes, 6 de junio, día de Pentecostés. Hoy a las seis de la mañana he tenido que fatigar para poner en pie a Martín.
El tiempo está empeorando, no obstante he ido a San Pedro para pedir luz, justicia y domicilio en Roma. He rezado con confianza ante la tumba de nuestro Santo Padre Pío IX. Él, ciertamente, me ha reconocido porque sabe cuánto le he querido y cuánto aprecio los beneficios que me ha concedido. Con estos precedentes espero mucho de León XIII y no quiero morir antes de ver mi Obra en Roma”.
“13 de julio. Si ayer hubiera estado menos cansada habría ido con la familia Rolly y con todos los ciudadanos de Roma para el traslado del cuerpo de Pío IX desde San Pedro a San Lorenzo de Extramuros.
Era de noche. Multitud de gente muy recogida; muchos lloraban al Pontífice tan amado; un magnífico cortejo atravesaba la ciudad, iluminada a lo largo del recorrido. Algunos desaprensivos han querido hacer una manifestación en contra, pero han sido disuadidos por la policía.
Santo mártir, velad sobre la cátedra de San Pedro, que habéis ocupado con tanto esplendor y protegednos a nosotros que venimos a refugiarnos cerca de ella para conservar y aumentar nuestra fe”.
Las hostiles manifestaciones, que sucedieron durante el traslado de los restos de Pío IX, le hicieron sufrir mucho. Escribe a una amiga: “Ciertamente oirá hablar de los acontecimientos del traslado del Santo Padre Pío IX. Toda Roma estaba entristecida e indignada menos los ministros de Satanás, algunos de los cuales serán severamente castigados. Me sentía demasiado cansada para seguir el bellísimo cortejo; era de noche, y yo, si hubiera podido, habría doblado mis velos y me habría puesto el gorro”.
“Me han dicho que en este momento se están distribuyendo opúsculos infernales contra Pío IX, escritos en distintas lenguas y vendidos por dos perras, o también regalados, para que hagan un efecto inmediato.
Esta mañana (5 de septiembre) la Asistenta ha venido para hacerme firmar un manifiesto de fidelidad al Santo Padre, en reparación por los ultrajes ocurridos la noche del traslado de Pío IX: habría firmado a cuatro manos”.
Quizá, por aquel exceso de fiebre anticlerical, ningún familiar de Pío IX sufrió tanto como esta hija espiritual.
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